Me llamo Rafael lo que cuento pasó cuando yo tenía veinte años y si no lo cuento reviento.

Yo siempre fui un estudiante responsable y bastante aplicado, creo que las circunstancias familiares tan adversas al final te marcan para bien o para mal. En mi caso y en mi casa los problemas empezaron cuando yo tenía tan solo 6 años, y mi hermana mayor 11 años, en esa fecha murió nuestra madre de una dolorosa enfermedad, además como mi padre faltó bastante al trabajo acabó yendo al paro también.

Total que nos vimos huérfanos y con poco recursos económicos. Mi padre como pudo y con ayuda de toda la familia y amigos y trabajando horas y horas en lo que podía nos sacó adelante, creo que viendo los sacrificios que todos hacían por ayudar nos convirtió en buenos hijos y nunca hubo un reproche de nuestra parte.

Por otro lado mi hermana era muy buena estudiante y todos los veranos e incluso durante el curso daba clases particulares para poder ayudar en casa. Yo también iba bien en el estudio y de hecho en mi primer año de universidad estudiaba y si me salía alguna cosa para trabajar también lo cogía. Poco a poco las cosas parecían que se nos iban mejorando. Mi padre era joven todavía, andaba en los 50 años y pese al desgaste del trabajo se conservaba bien.

Un día nos sorprendió en casa cuando nos dijo que estaba manteniendo una relación con una mujer, al principio nos lo tomamos mal, sobre todo Lucía, mi hermana pero cuando conocimos a Begoña pues tuvimos que reconocer que era un encanto de mujer.

Era más joven que mi padre, entonces tendría 38 años y era bastante maja. Lo suficientemente guapa pero discreta y con una simpatía, amabilidad y dulzura que enseguida se ganaba tu confianza. Ella era soltera y se conocieron en el trabajo, estuvieron saliendo un tiempo y de hecho nos visitaba en casa de vez en cuando. Por esas fechas mi hermana ya había acabado la Universidad y estaba trabajando, se acabó comprando un pequeño apartamento y se independizó, pese a ello, todos los días pasaba por casa a ver que hacíamos.

Generalmente cuando venía de visita Begoña, era fin de semana, comíamos o cenábamos y yo enseguida tenía que marcharme a trabajar o incluso de fiesta. Ahora sé que cuando se quedaban solos mi padre y Begoña se iban a la cama a hacer el amor, pero yo nunca intuí nada ni vi nada extraño en su relación.

Por esas épocas yo no tenía novia, tampoco la había tenido antes y es que mientras mis amigos y conocidos disponían de ocio yo tenia que buscarme la vida y siempre andaba o currando o estudiando.

Después de un prudencial tiempo en que estuvieron de pareja mi padre y Begoña se cansaron de fingir y una tarde comiendo los cuatro nos plantearon que se querían casar. Como digo Bego se nos había ganado a base de ser buena gente y ni mi hermana ni yo pusimos pegas, nuestro único comentario fue que si ellos pensaba que era oportuno que nosotros les apoyaríamos.

Una vez decidido se plantearon fechas y toda la familia incluida la de mi difunta madre se alegraron y entre preparativos y otras historias se nos fue pasando el tiempo. Bego se instaló en nuestra casa que es algo más grande que la suya y acabamos siendo una familia normal.

La única diferencia era que yo ahora tenía una mujer en casa, que era mi madre pero no lo era, y muchas veces yo la miraba como mujer. Como dije no es una mujer exuberante pero es guapa, está bien formada, con un buen par de tetas y un culo macizo.

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Cuando llegó el calor yo lo pasaba mal pues ella iba bastante ligera de vestuario y me enseñaba más de lo que yo necesitaba, total que estaba en erección todo el día y me tenía que hacer un par de pajas casi todas las noches. Además muchas noches tenía que oír el ruido que mi padre y ella hacían en la cama pues eran bastante fogosos los dos.

Una noche que daban más ruido de lo habitual me desvelé del todo y fui al baño, me la estuve meneando y cuando acabé y volvía a mi cama en el pasillo me crucé con Bego que en pelotas iba a la cocina. Al verme se disculpó y rápidamente se volvió al cuarto.

En la mañana se volvió a disculpar diciendo que pensaba que estaría dormido, yo le dije que me había desvelado y con un gesto de mis ojos le di a entender que el motivo del desvelo eran las maniobras de mi padre y de ella en la cama. Desde ese día la vi con mejores ojos y a mi padre también por ser capaz de tener una mujer como ella.

Se casaron y después de la boda todo volvió a la normalidad. Pero el destino quiso seguir siendo trágico para nosotros, pues mi padre tuvo un accidente laboral y murió.

Fue terrible, se sucedieron grandes escenas de dolor y creo que ni mi hermana, ni Bego, ni yo fuimos conscientes de nada en ese par de días.

De nuevo fue la familia la que nos ayudó a superarlo todo, con el funeral, con todo el papeleo y dándonos el apoyo y el cariño que necesitábamos en esos momentos. Pero la vida seguía y había que volver a la realidad, los primeros días en casa parecíamos zombis, ni Bego ni yo teníamos ganas de nada, nos hablábamos con monosílabos, y eso que Lucia venia todos los días a ver como íbamos.

Yo bajé ese trimestre bastante el rendimiento pues entré en una temporada de desánimo y ganas de no hacer nada. Acabó el curso que como pude terminé, sin más, Bego dijo que tenía que coger vacaciones y que iba a ser la primera vez que íbamos a intentar coincidir toda la familia juntos y fuera de casa.

Ella me dijo que la idea con mi padre había sido que nos escapásemos los cuatro una semana a la playa y luego ellos dos solos se quedaban juntos otra semana más. Yo hablé con mi hermana y decidimos irnos los tres a la playa juntos.

Cuando nos instalamos en el apartotel, la cama grande se la dejamos a Bego, la otra habitación para mi hermana y yo me quedé en el sofá cama a dormir. Nuestro primer día de sol y playa fue tranquilo, estábamos muy blancos y para evitar quemaduras nos pasamos bastante tiempo en la sombra y en los chiringitos.

Lucía es muy guapa y muchos chicos se la comían con los ojos, cosa que le dijo Bego, y Lucía respondió que si ella se pusiese un poco más provocativa a ella también se la comerían con la vista. Bego dijo que no lo tenía claro, pero esa tarde mi hermana la llevó de compras y le convenció de comprarse un par de bikinis bastante diminutos, nada que ver con el traje de baño completo que llevaba en la maleta; también compraron un pareo y algo de bisutería, al bajar a la playa al día siguiente y cuando las vi a las dos me quedé mudo y sorprendido, y se debió de notar en mi mirada y creo que también en mi entrepierna aunque nadie dijo nada.

Ya en la playa me pase gran parte del tiempo que estuvimos en la arena boca abajo para que no se notase mi erección, pues el cambio sobre todo de Bego era total, parecía mucho más joven y estaba para comérsela. Cuando nos sentamos en una terraza Lucía preguntó que me parecía el cambio y no pude decir nada, sólo asentí con la cabeza, esa noche cenamos en una pizzería, luego un helado en otra terraza y a dormir.

Como yo dormía en el salón hasta que no acabamos de ver la tele no podía dormir, pero claro el sofá estaba hecho cama y acabamos los tres medio tirados encima, yo como podía me tapaba para que mi excitación no fuese tan evidente.

Lucía se fue a dormir pero Bego seguí allí conmigo, olerla y tenerla tan cerca de mi, me estaba poniendo malo, y encima como llevaba un minúsculo pijama con pantalón corto que se le metía entre las piernas y le marcaba todo el chocho, pues que queréis que os diga, sudaba como un perro.

Si me hablaba yo contestaba si o no, pero intentaba no quitar los ojos del televisor. Cuando se levantó para marcharse me dio un beso en la mejilla lo que me obligó a intuir sus tetas junto a mi pecho y me quedé de piedra.

Esa noche me la meneé tres veces pensando en mi madrastra, hasta que me quedé agotado. Por la mañana desayunando las dos se reían de mí y conmigo, Bego decía que había estado raro todo el día y Lucía insensata de ella dijo que quizás me había excitado y por eso estaba tan nervioso, encima me dijo que tenía que buscarme una novia que me aliviase.

Estos comentarios lo único que consiguieron fue demostrarle a Bego que lo que ella pensó la otra noche era cierto, no imaginaciones y que estaba calentorro como una caldera. Supongo y eso lo he contrastado luego que Bego es muy ardiente, y aunque era virgen cuando conoció a mi padre, este consiguió sacarle de su inopia en el tema del sexo y hacerla una mujer en condiciones.

Parece que mi padre estaba muy bien dotado, (yo lo estoy un poco menos) y era incansable follando, así que mi pobre madrastra estaba a falta de una buena flauta.

Otro día hablando me reconoció que hubiera acabado buscándose un nuevo compañero de juegos sino llego a aparecer yo tan oportunamente.

Bueno visto que yo reaccionaba positivamente a sus encantos decidió provocarme para ver hasta donde era capaz de llegar, me las hizo pasar canutas y encima mi hermana en vez de ver por donde venían los tiros pensaba que me estaba vacilando.

Primero me hacía ponerle crema y por tanto sobarla entera, me ponía posturitas dejando su entrepierna siempre que podía enfrente de mi vista, una vez la tuve que secar, y se le soltó la parte de arriba del bikini, otro día me la cruce desnuda en el pasillo cuando venía de la ducha, esa noche viendo la tele en el sofá cama y cuando Lucía ya se había ido a dormir me dedicó una sesión de posturas, de descubiertos y de todo tipo de atenciones.

Debajo de las sábanas yo no podía ocultar que tenía la polla totalmente erecta. Cosa que ella obviamente notó, con gran regocijo por su parte.

Cuando se marchó a dormir me descubrí del todo y me toqué la polla y me estaba haciendo una gran paja cuando volvió Bego. No me enteré hasta que se sentó a mi lado, me quedé de piedra y se me bajó de golpe.

Entonces Bego me dijo que no estaba bien menearsela, primero porque era egoísta por mi parte teniendo una mujer necesitada en la casa y además que el placer que obtenía era menor. Ni corta ni perezosa alargó la mano y fue ella la que empezó a meneármela, nada más hacerlo mi polla volvió a su posición anterior y más gorda se me puso, acelero el ritmo y me fui, llenado de leche su mano.

Me quedé totalmente relajado y respirando agitado, para cuando me quise dar cuenta se había metido mi polla en la boca, jugando con su lengua en mi puntita y a base de meneármela y de apretarme las pelotas se me puso dura de nuevo, cosa que Bego agradeció.

No paró hasta que me hizo descargar en su boca, cuando solté toda la crema me miró con carita de niña buena y sacándome la lengua saboreó el sabor de mi leche.

Begoña estaba medio recostada en la cama pero con su pijama puesto, como pude tiré del pantaloncito hacía arriba y así lo que conseguí fue que se le marcasen más los labios del coño, incluso se le metió un poco de tela entre los labios y ella se removía inquieta supongo que por la calentura.

Al hacer fuerza conseguí que se incorporase un poco y quedase mas cerca de mí, y entonces acercó su cara a la mia y me besó, no como una madre sino como una amante. Fue un beso largo y nos cansamos de morder nuestras lenguas. Reconozco que yo era virgen y nunca había besado siquiera a una chica, pero me habría hecho mas de 2000 pajotes, supongo que mi inexperiencia no me hacía ser más audaz, por eso Bego muy mimosa me preguntó si era virgen, yo en un suspiro contenido le respondí que si, entonces fue ella la que me preguntó si quería solucionarlo, yo bramé un "SI" ronco de excitación.

Tal como estábamos se incorporó un poco y sacándose la camiseta por la cabeza y bajando el short se quedo desnuda. Yo casi lo estaba pues tan solo tenía mi slip y estaba bastante por debajo de mis rodillas, con un pequeño esfuerzo me lo quite y entonces ya desnudos los dos se arrimó a mi, mi polla estaba otra vez en posición, cosa que aprovechó Bego para tocándomela acercarla a su coño. La postura de lado y de frente no era la mejor, así que se puso boca arriba en la cama y me pidió que subiera encima suyo.

Lo hice con grandísimo cuidado, al principio apoyaba mis manos en la cama, pero luego directamente las apoyé en sus palmas inmovilizándola o bien en sus tetas magreándoselas. Mi rabo quedaba a la entrada de su coño, pero no tenía muy claro que debía hacer, fue ella la que acercó su cadera, moviendo el culo, así mi polla estaba justo en la entrada de su coño, alargó la mano y agarrándola se estuvo acariciando los labios, el clítoris. Cuando ya no aguantó más me mandó apretar y follé por primera vez en mi vida.

Fue Bego la que me iba indicando como actuar, me decía si tenía que bombear, si ir más rápido o más despacio. Al rato ya me deje ir y era o el que marcaba el ritmo. Bego se corrió en un orgasmo interminable, suspirando pero intentando contenerse para no despertar a mi hermana, y entonces me corrí yo llenando su coño de la poca leche que quedaba en mis cojones.

Caí encima de ella y después de un par de minutos de descanso nos volvimos a besar. Y me preguntó que me había parecido mi primera vez. Contesté que había sido algo maravilloso. Bego me hizo una confidencia diciéndome que así se había sentido cuando mi padre la hizo mujer, cosa de la que siempre estaría agradecido. Y que ahora podía devolver el favor en carnes mías.

Seguíamos desnudos y pese al calor muy apretados, pero mi polla no se levantó más. Supongo que dos pajas la noche anterior, una en la ducha esa misma mañana y las tres corridas de esa noche habían sido demasiado. Entonces Bego se levantó y dijo que a dormir, y que mañana con más calma ya hablaríamos.

Esa noche dormí como un bendito, hacía mucho tiempo que no dormía así, supongo que por la mañana mi cara de felicidad delataba mi estado de ánimo, por lo que mi hermana me preguntó porque estaba tan contento, no respondí y me limité a desayunar tranquilo.

Esa mañana hablamos de que Lucía volvía a casa pues tenía que trabajar y había dejado unos días de vacaciones para escaparse con sus amigas y su novio, y el plan era que yo también volviese, pues tenía posibilidad de un trabajillo un mes. Pero dije que me quedaba toda la semana así Bego no se sentiría tan sola. A esta le brillaron los ojos de alegría mientras que mi hermana no sospechó nada.

Esa mañana en la playa Bego me dedicó su repertorio de insinuaciones y por supuesto consiguió ponerme como una moto. Cuando fuimos al agua aproveché para sobarla a conciencia y le prometí que esa noche tendría mi revalida y que estaba loco por volver a follar con ella. Begoña estaba encantada y disimuladamente me acariciaba el paquete siempre que tenía ocasión.

Después de comer en una terraza, y dar un paseo por la playa, a media tarde volvimos al apartotel, primero se duchó Lucía, mientras esta se duchaba Bego y yo nos dimos unos morreos de muerte, mi erección era escandalosa, tanto que le dije que parase porque cuando saliese mi hermana se iba a asustar de mi estado, luego se duchó Bego. Mientras hablamos los dos hermanos y Lucía me dijo que estaba de acuerdo en que me quedase así ayudaba a Bego a pasar los malos ratos. Yo dije que lo iba a intentar.

Cuando iba a entrar yo a la ducha Bego me mordió en una oreja a la vez que me palmeaba el culo y me susurro que no se me ocurriese vaciarme a mi solo, que le guardase toda la leche para ella que esa noche me iba a dejar seco.

Yo estaba que tenía el rabo que asustaba, pero no me toqué, me duche con agua fría mucho rato, tanto que mi hermana al salir me dijo que parecía una rana, yo me reí y ya esta.

Esa noche cena en una terrazita, unos helados y un café como de costumbre, luego a casa, un poco de televisión y a la cama. En cuanto se fue Lucía Bego empezó sus maniobras, sacó mi aparato que para entonces ya babeaba y sin decir ni "mu" se lo tragó entero. Ella estaba vestida con su pijama pero como pude acerqué mi mano y conseguí meter hasta dos dedos en su coño, ella seguía chupando pero no dejaba de mover la pelvis al encuentro de mis dedos, me vacié en su boca y no pudo tragar toda la leche que eché, casi se atraganta, pero la tragó, y casi a la vez mis dedos hicieron efecto y juntando sus muslos me aprisionó dentro de ella a la vez que se corría.

Nos quedamos los dos recostados y sin hablar, por no hacer ruido que molestase a Lucía, cuando nos repusimos, Bego se quitó el pijama y desnuda se subió encima de mi diciéndome que hoy tocaba la segunda lección. Restregó su coño por mi aparato mientras me besaba, me acariciaba por todos los lados incluso mordió mis tetillas.

Todo era nuevo para mi y reconozco que me gustó, así que al poco estaba otra vez en forma. Tal cual estaba se subió encima de mi polla y ella se la fue clavando a su antojo. Subía y bajaba y yo tan solo podía acariciar sus tetas y su culo, cuando estaba a punto aceleró el ritmo y se corrió quedándose totalmente empalada en mi rabo.

Yo no me había corrido esta vez, así que no la dejé descansar y fui yo el que movía la cadera todo lo que dejaba esta postura, más bien poco. Yo soy bastante fuerte así que me incorporé un poco la agarré y poniéndola boca arriba era yo quien la bombeó. Estuve un rato largo entrando y saliendo y follandola, Bego gemía, tuve que taparla la boca con la mano porque era muy evidente lo que estábamos haciendo si se hubiese despertado Lucía, y se corrió otra vez, como yo seguí ella me decía que la iba a matar, pero le gustaba y entonces me corrí de nuevo.

Sudábamos como perros, tanto que tuvimos que ir a la ducha, lo hicimos con bastante precaución, y juntos, debajo del agua me dedicó un magreo que me la puso tiesa de nuevo, mientras que yo aproveché para sobarle el coño a conciencia.

Sin casi secarnos salimos a la terraza a tomar el aire, estábamos casi desnudos, pues yo solo tenia un mini slip y ella llevaba una toalla anudada al cuerpo, en la terraza nos besamos con pasión absoluta y como mi polla estaba en pie de guerra, me la saco del slip y se dedicó a meneármela.

Le dice bajito que no quería una paja que bastantes me había hecho yo solito; que lo que quería era follar de nuevo. Entonces de apoyó en la baranda, sacó el culo y levantando la toalla dejo toda su parte posterior a mi alcance, me quite el calzoncillo, la agarré de las caderas y metí mi polla en su coño desde atrás, costó pues la lubricación de antes se había ido en la ducha, pero con un poco de saliva y que Bego empezaba a mojarse de nuevo lo conseguí.

Esta postura no permitía que nadie nos viese , tan solo nos preocupaba mi hermana, pero Lucía en las tres primeras horas de sueño no hay Dios que la despierte. Apreté tanto en el coño de Bego que daba bandazos con sus tetas en la baranda y pese al riego de que nos viesen se soltó de la toalla y quedo desnuda como yo. Yo me agarré en sus tetas y con la otra mano sujetaba su cadera o bien tocaba su coño desde adelante. Entonces Bego empezó a bufar y de nuevo se corrió, luego lo hice yo soltando otro buen chorro de leche en su coño.

Nos recompusimos y entramos al apartamento, y cada uno a su cama. Así pasaron los dos días que faltaban hasta que se fue Lucía, cada noche me daba una lección nueva, una fue el 69 que nos encantó a los dos, a mí porque era el primer coño que tenía tan cerca y pude disfrutar de uno que huele de maravilla, y mas cuando te están chupando la polla con la maestría que lo hace Bego.

Otra noche me enseño a practicar el sexo anal. Fue mi primera sodomización, Bego me contó que a mi padre le encantaba encularla, la ponía de espaldas, levantaba el culo con dos almohadas gordas, pasaba sus piernas por los hombros y la barrenaba el culo y con dos dedos la acariciaba el coño hasta que se corrían los dos por lo menos dos veces. Desde entonces tiene el culo muy abierto, cosa que a mi poca experiencia le vino bien pues me facilitó las cosas.

Cuando se marchó Lucía la cosa mejoró, pues ya no teníamos que escondernos. El primer día solos ni salimos del apartamento, estuvimos todo el rato desnudos y reconociéndonos el uno al otro, follamos en todas las posturas, en todos los lugares y disfrutamos de un número de orgasmos incontables. Sé que al día siguiente estábamos muertos, nos levantamos tardísimo y fuimos directamente a comer, estuvimos bromeando y dimos la impresión de ser una pareja de novios, pues al rejuvenecer Bego su forma de vestir y como está bien guapa pues no se notaba la diferencia de edad.

Nos besábamos en cualquier sitio y siempre íbamos de la mano. En la playa nos acariciábamos y nos calentábamos para cuando volvíamos al apartamento y follabamos hasta quedar rendidos. Una noche decidimos salir de pubs, cenamos y tomamos un par de cubatas, Bego no sobresale del resto de mujeres, más cuando hay muchas que van casi desnudas, pero aún así demuestra su nivel.

En un pub en la zona más tranquila nos estuvimos dando el morro, y la metí mano y conseguí que se mojase entera, tanto que me pidió volver al apartamento que necesitaba mi rabo con urgencia, no hizo falta pues el aparcamiento de la playa, estaba tranquilo y solitario, tan solo dos o tres parejas dentro de los coches supongo que como nosotros follando, la hice entrar en la parte de atrás, me baje el pantalón y se la enchufe sin quitarle las bragas siquiera, tan solo las aparte con mis manos y se la clave. Bego iba tan caliente que enseguida se corrió berreando como una cerda. Yo entonces me paré y pese a que estaba totalmente empalmado me subí los pantalones y poniéndome al volante conduje al apartamento. Bego seguía en el asiento de atrás toda espatarrada, tocándose mientras yo la veía por el espejo retrovisor como se masturbaba,

Al llegar y nada mas entrar por la puerta ya la tenía bajándome los pantalones y comiéndome la polla, echamos un polvo fortísimo en el suelo, y luego otro par de ellos más tranquilos en la cama.

Cuando acabaron las vacaciones y volvimos a casa, nuestra vida siguió igual, ella su trabajo y yo mis estudios y mis trabajitos por ahí, solo cambió que dormíamos juntos en la misma cama y por supuesto hacíamos vida de matrimonio en lo sexual.

Yo la seguía diciendo "Mami" algo muy fuerte cuando a esa persona la tienes a cuatro patas y la estas dando por el culo pero ambos estamos contentos.

Follabamos casi todos los días y aunque de cara a todos manteníamos la ficción de madrastra e hijo; en casa éramos una pareja total. A Bego sabedores de su viudez tan cercana a su casamiento le salieron moscones hasta debajo de las piedras y tenía que poner cara de viuda triste y esquivarles a todos.

Llegó un día que decidimos contárselo a Lucía que seguía pasando todos los días por casa y la relación era estupenda; cuando le dijimos que teníamos algo muy serio que contarle se asustó pensando que habíamos tenido alguna discusión o algo así.

Cuando le dijimos que estábamos acostándonos juntos, primero se rió, luego viendo que era cierto se sorprendió y acabo diciendo que era nuestra vida y que no juzgaba nada, cuando hable con ella a solas me interrogó que había pasado y confesé que desde las vacaciones nos estábamos acostando, reconoció que no lo había ni imaginado y me acabó reconociendo que era una gran mujer y que tenía derecho a rehacer su vida como lo había hecho nuestro padre y que era simplemente una cuestión de tiempo que se buscase otra pareja, pero que jamás hubiese supuesto que sería yo.

Dijo que ella no diría nada a nadie y que fuésemos discretos de cara a las familias.

Otro día comiendo los tres le planteamos a Lucía nuestro interés por tener un hijo, pues la edad de Bego así lo aconsejaba, Lucía calló pero luego dijo que como lo íbamos a explicar, yo dije que diríamos que Bego quería ser madre y que ella y nuestro padre tenían esperma congelado y que nadie se iba a plantear si era cierto o no.

Además como no se le conocía ninguna relación era más fácil, que Bego iría adelantando su interés por acudir a la inseminación y que así cuando se preñase sería más creíble.

Después de unos meses de teatro con la inseminación nos pusimos manos a la obra, dejó de tomar anticonceptivos y si antes follabamos mucho, ahora lo hacíamos mas. A todas horas estábamos enganchados y por supuesto se quedó embarazada, durante el embarazo todavía se le despertó más apetito sexual y a todas horas estábamos follando, me esperaba en casa desnuda en el sofá y antes de nada quería su ración de polla, supongo que mi juventud hizo que aguantase ese ritmo.

Al nacer la niña las cosas cambiaron y se tranquilizó muchísimo, después de una temporada de forzosa abstinencia volvimos a practicar sexo pero con bastante moderación.

Yo le tomaba el pelo diciéndole que ya era una matrona ejemplar, además el cuento de la inseminación lo asumieron todos como normal y nadie puso pegas ni sospechó nada, además Lucía estaba encantada con la niña y descubrió un interés por la maternidad que nunca había tenido; y de hecho al poco se casó y también se quedó en estado.

Ahora que tengo un buen trabajo y una vida más asentada reconozco que Bego ha cambiado mi vida, que ella devolvió con creces todo lo que mi padre le enseñó y estamos los dos seguros de que nuestros padres, pues todavía es el día que nos acordamos de ellos, se sentirían orgullosos de nosotros, y de cómo hemos sabido ser felices en circunstancias tan adversas.

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